24 de agosto de 2015

Para mí, sentir tus manos por mi cuerpo es sinónimo de pequeñas descargas eléctricas que acaban con escalofríos.
No hay película, aún, que trate sobre aquella gente que jamás se enterará del argumento de una de ellas en el cine, o en el salón... Porque ellos mismo se convierten en los protagonistas de la tarde, de una historia.

Yo estoy hecha de lo poco que te importa lo que nos rodea, y de las ganas de quitarnos los adornos, que adornan nuestros cuerpos.
No conocía realmente lo que era la sencillez hasta que vi cómo sonreías, como un niño pequeño.  Y hablando de cosas sencillas... Sencillo fue engancharme en tu cuello, agarrarte el pelo, enredarme entre las palabras que me dedicas y esa mirada de "dónde has estado toda mi vida".

Por cierto, aquí estoy.