1 de julio de 2015

Se cayeron las torres de papel donde vivías con tus planes malévolos, con todas tus princesas.
Me sentías tuya.
Pero el tiempo se encargó de golpear las paredes de tu fortaleza.
Veías como me iba, como me alejaba, como tu creencia de que aún te pertenecía se esfumaba, y por primera vez sentiste miedo.
Al igual que al sediento se le escapa por las comisuras de los labios agua, por beber con desesperación, tú, desesperado, recogías todos los escombros de lo que creías que era el paraíso.
Entonces, una vez más, te equivocaste, y al ver que me iba y que todo lo que había a tu alrededor eran ruinas... Te quedaste allí intentando volver a construir lo que no valía nada, en lugar de correr detrás de mí...  Porque en ese tiempo tan nuestro, podrías haberme alcanzado.

Espero que tus princesas vivan cómodas allí, y que si algún día llegara a ti el olor de mi pelo, no se te venga al suelo todo de nuevo.