10 de julio de 2015

Me siento como si estuviera al borde, al borde de algo, no se me ocurre el qué. Vaya forma de empezar. La nuestra digo. Pero nada que ver con la de acabar.

Creía que nunca sería capaz de decirte adiós.
Nadie me ha hecho sentir tan bien como tú, al igual que nadie me ha hecho sentir tan imbécil como tú.
No sé si lo que necesitaba era conocer a otra persona para saber que no quiero saber más de ti. La verdad, no lo sé, no sé qué se me pasa por la cabeza cuando pasas tú, pero desde luego no es ni cariño, ni aprecio, ni amor, y mucho menos orgullo. Porque no hay persona en el mundo de la que esté tan decepcionada. Todos tus engaños, tus mentiras, tus escapadas, tus trampas... Que lo único que me demostraron es que no vales nada más que pena.
Pena de ver lo que eres, y lo grande que fuiste.
Sólo te pido que no preguntes más por mí,  que no te gires a mirarme y que si en un local abarrotado me ves entrar... No me busques con la mirada, déjame que me pierda entre la gente hasta que acabe la noche.