22 de junio de 2015

La luna brilla más cuando está inquieta.

Te busco en todas partes, en las últimas cartas, en el olor de mi almohada, aunque las sábanas se hayan cambiado decenas de veces,  en el rastro que deja mi pelo recién lavado, en las horas que se me quedan vacías, en las noches que se me hacen largas cuando no hay nadie a quién decirle que no puedo dormir, o al menos no que me diga tus estúpidos trucos para conciliar sueño, que en más de un examen me ayudaron.
Te busco en las palabras que nunca dije, y también en las que dije. Pero sobretodo... Te busco en el portazo. En el adiós.  Hasta nunca. En el no quiero volver a ver tus ojos verdes, tu pelo largo no me enreda en tus caderas, ni tampoco me voy a volver a perder en esas piernas.
En el "pum". En las secantes que formaban nuestros cuerpos cuando jugábamos a no soportarnos,  y al final... El secante ruido del ya no más.
Del que te vaya bien.
Del ¿me arrepentiré?
Del adiós.
Del bom.